Vaca Viva: la bioeconomía como respuesta a un mundo fracturado

Vaca Muerta y Vaca Viva. Ambas son fundamentales, pero diferentes. La primera es fotosíntesis fósil de hace millones de años y pocas empresas concentradas. La última es fotosíntesis actual, es captura de carbono hoy, son miles de pymes en todo el país.En una visión integral, debemos sumarlas, no optar por una u otra, se potencian y complementan.

Significado de Vaca Viva

Hace casi una década años empecé a usar el concepto de Vaca Viva. No habla de ganadería: habla de toda la bioeconomía argentina jugando con la conocida Vaca Muerta. Donde Vaca Muerta es fotosíntesis acumulada hace millones de años, hidrocarburo fósil, capital intensivo, concentrado en pocas empresas y en una cuenca relativamente chica. Vaca Viva es fotosíntesis actual: biomasa más conocimiento, organizada como economía circular, que abarca carnes, granos, bioenergía, bioinsumos, biomateriales y servicios ambientales, con miles de productores y pymes distribuidos en todo el territorio nacional. 

En el mundo de hoy Vaca Viva es clave y urgente

Hoy, esa distinción ya no es una metáfora, es una hoja de ruta que el mundo, cada vez más fracturado, vuelve más urgente generando múltiples oportunidades.

La geopolítica cambió todo. La disputa arancelaria entre Estados Unidos y China concretó, casi por reflejo defensivo, el acuerdo Unión Europea-Mercosur, que hoy conecta a 720 millones de personas bajo reglas previsibles. China ya es el primer socio comercial del bloque, con inversiones en infraestructura, energía y minería que preocupan a Bruselas y a un Washington que mira con incomodidad un tablero regional cambiante. 

La energía fósil —incluida la propia Vaca Muerta— queda atada a grandes inversiones, sanciones, Ormuz u otros cierres, así como disputas por minerales críticos. La biomasa, en cambio, se renueva cada ciclo y no depende de una cuenca ni de un solo comprador: esa es la ventaja estratégica de nuestra Vaca Viva.

La bioeconomía: un enfoque circular

La bioeconomía no es un sector: es un enfoque circular que genera proteínas animales, granos, forestales, pesca, bioenergía y bioinsumos, donde el residuo de una cadena es la materia prima de la siguiente —el efluente que se vuelve biogás, el rastrojo que se vuelve bioinsumo—, con múltiples polos de crecimiento en simultáneo, en lugar de un único yacimiento. 

Vaca Viva no es una estrategia sectorial, es un proyecto de desarrollo territorial federal y equitativo y de inserción internacional. No reemplaza a Vaca Muerta, la complementa, corrigiendo su límite principal, la concentración geográfica y empresarial de la renta, generando mucho trabajo.

Los números acompañan la intuición original

Hoy exportamos agro alimentos por unos 80.000 millones de dólares, pero el futuro es promisorio: con valor agregado genuino, genética, trazabilidad, bioinsumos, biocombustibles, biomateriales, servicios ambientales, se podría llegar a 120.000 millones. Esto es un salto del 50% sin sembrar una hectárea más, aunque también hay que aumentar las has. 

La agricultura es la única actividad capaz de secuestrar carbono, un activo que aún no facturamos como corresponde. Y la demanda no es una hipótesis: cada vez más países de Asia y de África no se autoabastecen, mientras Europa exige menor huella ambiental y Argentina tiene una de las más bajas, diferencial que todavía no se traduce en el precio que cobramos.

La bioeconomía genera y reparte valor agregado

Otra diferencia con Vaca Muerta es que los hidrocarburos concentran renta en una provincia y en pocas operadoras; la bioeconomía reparte valor agregado en cada región agroecológica del país, desde el NOA hasta la Patagonia, activando miles de pymes que hoy exportan materia prima y podrían exportar conocimiento incorporado como tangible e intangibles. Eso exige generación local de tecnología: biotecnología, nanotecnología aplicada a insumos, plataformas de datos y financiamiento paciente para escalar cadenas  que generan empleo de calidad y arraigo poblacional.

La geopolítica de la energía es cada vez más compleja

Hoy, vuelvo a escribir esto con la misma convicción, pero con datos que ya no dejan margen para la duda: el mundo necesita lo que la Argentina produce mejor que casi nadie, y la geopolítica de la energía fósil solo va a volverse más compleja. Argentina puede ser parte central de esta historia, facilitando las inversiones en genética, biotecnología, infraestructura y logística para lograr que el valor agregado que convierta la biomasa en soberanía económica distribuida. Es una tarea pendiente, y cada año que se posterga es renta y trabajo que otros países se llevan puesta.


Ing. Agr. Fernando Vilella 
+54 9 11 5328-7592
fervilella@gmail.com

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