“Este Niño será fuerte y exige cambiar la mirada productiva”
La experta en agroclimatología Stella Carballo advirtió que el fenómeno tendrá características similares a los grandes Niños de 1982-83, 1997-98 y 2015-16, con riesgos de inundaciones, anegamientos y dificultades para producir.
En el marco de las jornadas de capacitación técnica realizadas en la Sociedad Rural de Santa Fe, la especialista en agroclimatología Stella Carballo trazó un escenario que obliga al sector agropecuario a mirar con atención los próximos meses.
“Este Niño va a tener las características del Niño 82-83, 97-98 y 2015-2016 en cuanto a su intensidad y gravedad”, sostuvo Carballo, al advertir que la experiencia histórica muestra que estos eventos pueden generar un fuerte incremento del caudal del río Paraná, evacuaciones de personas y animales y lluvias extraordinarias concentradas en distintos puntos de la región.
El riesgo general puede ser identificado: cuando las precipitaciones se vuelven intensas y abarcan grandes extensiones, pueden provocar saturación de los suelos, anegamientos y falta de piso incluso en áreas consideradas productivas y alejadas de los cursos de agua.
El campo, frente al riesgo del exceso de agua
Carballo puso especial énfasis en las consecuencias que tuvo el Niño 2015-16 sobre la actividad agropecuaria. En aquel momento, recordó, la napa freática llegó prácticamente a la superficie y las condiciones del terreno complicaron seriamente el movimiento de hacienda, maquinaria y camiones.
Sostuvo que la vigilancia no debe concentrarse exclusivamente en los niveles de los ríos y lagunas. También es fundamental monitorear las napas freáticas, especialmente porque la región viene atravesando varios años con abundantes precipitaciones.
Actualmente, explicó, los niveles freáticos todavía presentan cierta capacidad para absorber nuevos aportes de agua. Pero esa situación puede cambiar si las lluvias aumentan en volumen, intensidad y frecuencia. “El nivel puede subir y entonces ahí ya se podría complicar este tema”, alertó.
Adaptar las decisiones productivas
El escenario que plantea el Niño también implica, según Carballo, revisar decisiones agronómicas que durante los últimos años estuvieron condicionadas por sequías y altas temperaturas.
“Todo tiene que cambiar en nuestra mente, porque es otro el panorama por el que vamos a transitar. Por eso es fundamental que cada productor trabaje muy bien asesorado en las decisiones y manejo agronómico”, resumió.
La especialista señaló que, frente a un contexto de exceso hídrico, la elección de materiales genéticos deberá contemplar características diferentes a las priorizadas durante los períodos secos.
Así, será necesario seleccionar variedades capaces de permanecer más tiempo en pie sin sufrir un deterioro significativo y que presenten mayor tolerancia a los problemas asociados al exceso de humedad.
También recomendó prestar atención a materiales con menor susceptibilidad a enfermedades fúngicas, ya que el aumento de humedad puede generar condiciones favorables para su aparición y desarrollo.
La adaptación, entonces, no pasa solamente por reaccionar frente a una inundación. También implica anticipar decisiones de siembra, genética, manejo y logística.
Un Niño 2026-27 fuerte, pero sin certezas sobre 2027-28
Durante la jornada también surgió una pregunta sobre la posibilidad de que el fenómeno vuelva a repetirse en 2027-28.
Carballo explicó que los modelos climáticos permiten anticipar con bastante precisión la evolución, intensidad y duración de un episodio de El Niño, pero que no es posible saber todavía qué fenómeno climático se desarrollará después.
Cuando este Niño comience a declinar, los cambios en los vientos, la presión atmosférica y las condiciones del océano aportarán información para comenzar a proyectar el escenario siguiente.
“Puede venir otro Niño, puede venir una Niña o puede quedarse el sistema neutro”, explicó.
La certeza actual, en cambio, está puesta en el fenómeno que se aproxima: “Este Niño que nos va a acompañar es fuerte y se va a intensificar a partir de la primavera”, afirmó.
Frente a un Niño que promete poner nuevamente a prueba la capacidad de respuesta de la región, el mensaje de Carballo apunta a una idea central: la clave no estará solamente en resistir el exceso de agua, sino en anticiparse a sus efectos.
Según la especialista, las previsiones sobre el comportamiento climático posterior serán cada vez más confiables a medida que avance el tiempo, y especialmente cuando se aproxime agosto del año siguiente.

