Producir XXI, agosto 2026
Estrés calórico: una lactancia que empieza a definirse antes del nacimiento
Ing. Agr. PhD
Alejandro Palladino
Investigador CONICET
– Fundación Instituto de la Leche
+54 9 11 3884-1856
Proteger a la madre gestante del estrés calórico genera terneras más sanas y de mayor producción en su vida adulta. Aticiparse al calor protegiendo el lote de pre parto.
Efecto del estrés calórico en vacas en ordeño
El estrés calórico es una de las principales limitantes estivales de la producción lechera en la Argentina. Reduce el consumo y la producción, y también compromete la reproducción, la salud y la eficiencia del sistema. En un ensayo realizado por INTA Rafaela (Ghiano, 2015) entre diciembre de 2011 y febrero de 2012, el índice de temperatura y humedad superó el umbral crítico de 68 en el 94% de los días. Las vacas refrigeradas (sombra, ventiladores y aspersores) produjeron 36,3 litros diarios, frente a 33,5 litros en las que contaban con sólo sombra y 31,2 litros en el grupo testigo.
Frente al calor se puede actuar en distintos niveles. En las vacas en producción, las estrategias incluyen: sombra, ventilación, aspersión, disponibilidad de agua, reducción de los tiempos de espera y cambios en los horarios de alimentación. Sin embargo, hay una categoría que suele recibir menos atención: la vaca seca y, particularmente, el período preparto.
Proteger del estrés a las vacas pre parto
Un trabajo de Monteiro y colaboradores (2016) permite dimensionar las consecuencias de esa omisión de las vacas pre parto. Los investigadores reunieron información de cinco ensayos realizados durante cinco veranos consecutivos. Aproximadamente 46 días antes del parto, las vacas fueron asignadas a dos tratamientos. Un grupo recibió sombra, ventiladores y aspersores; el otro contó solamente con sombra. Después del nacimiento, todas las terneras fueron manejadas de la misma manera. Así, las diferencias posteriores podían relacionarse con el ambiente térmico de las últimas semanas de gestación.
En primera lactancia 5,1 lts/Vaq/día más (426 dólares más por vaq.)
Las hijas de las vacas enfriadas nacieron con mayor peso: 44,8 frente a 39,1 kg. También fueron más pesadas y más altas durante el primer año. Pero el resultado de mayor impacto apareció en la primera lactancia. Durante las primeras 35 semanas, las vaquillonas nacidas de madres enfriadas produjeron 31,9 litros por día, mientras que las nacidas de madres expuestas al estrés calórico produjeron 26,8 litros. La diferencia fue de 5,1 litros diarios y se mantuvo durante todo el período evaluado.
Llevado a escala de rodeo, el impacto también es relevante. Si las vaquillonas representan el 30% de las vacas en ordeñe, una diferencia de 5,1 litros diarios en esa categoría elevaría el promedio general en aproximadamente 1,5 litros por vaca y por día. Este cálculo no incluye el valor adicional de contar con más reemplazos que completan la primera lactancia.
En 245 días, esa brecha representa aproximadamente 1.249,5 litros por vaquillona. Tomando el precio nacional SIGLeA de junio de 2026, de $518,16 por litro, el ingreso bruto adicional sería de $647.441 por animal, equivalente a USD 426 con un tipo de cambio de $1.520 por dólar.
Además tienen lactancias más largas
El efecto no terminó en la producción individual. El 85,4% de las hembras nacidas de vacas enfriadas completó la primera lactancia, frente al 65,9% de las nacidas de vacas sometidas al calor. No se trata solamente de producir más leche: una mayor proporción de animales permaneció en el rodeo hasta completar su primera lactancia.
La conclusión es práctica: enfriar las vacas secas y preparto no es un gasto destinado a una categoría improductiva. Es una inversión cuyos efectos alcanzan a la vaca, a la ternera en desarrollo y a la futura primera lactancia. El estrés calórico durante la gestación deja una huella que puede acompañar al animal durante años.
Figura 1. Producción promedio de leche durante las primeras 35 semanas de la primera lactancia según el tratamiento térmico recibido por la madre durante el período seco. Fuente: Monteiro et al. (2016).
