Producir XXI, diciembre 2025
Se puso en marcha un proceso… y ya nada fue igual.
Muchas veces se ha mencionado en distintos medios masivos, redes, etc., el enorme trabajo realizado por el DATP, Departamento de Asistencia Técnica a los Productores, de la Serenísima, a fines de los 70 y durante la década del 80. Fue una muy buena propuesta, realizada en el momento justo, y aprobada e impulsada por un extraordinario empresario como fue Don Pascual Mastellone.
No fue mérito exclusivo ni principal de quienes dirigían el DATP, “fue el grupo que hizo al grupo”, como lo he expresado muchas veces. Fueron casi 90 jóvenes Ingenieros agrónomos que, con entusiasmo y dedicación, pasaron por el DATP en esos años, y fueron 67 los que trabajaron juntos en el momento de mayor desarrollo, apoyados muy bien por los integrantes de Compra de Materia Prima Leche y por camioneros de recolección de leche de los tambos, quienes se beneficiaban si transportaban más litros.
Pero los verdaderos héroes de ese proceso fueron los productores. Ellos fueron los que concretaron los cambios en sus tambos, muchas veces convencidos y otras muchas porque no querían quedar atrás en algo que parecía que era muy bueno. Ellos le dieron la oportunidad de trabajar a ese grupo de jóvenes y muy responsables profesionales que llegaban a sus campos para mirar que hacía cada productor, cómo y por qué lo hacía y poco a poco le fueron aportando su apoyo técnico y lo fueron desafiando a producir más y mejor, porque había un “margen posible de progreso”. Sin conocer aún el concepto, todos nos fuimos metiendo en un proceso de “mejora continua”, entendida como “una espiral virtuosa de avance en mejores formas de trabajar, corrigiendo errores y potenciando aciertos y así conseguir resultados productivos, económicos y sociales crecientemente mejores”.
Se progresó en muchas áreas de la producción, pero en esta oportunidad y dada la época del año que ya estamos en pleno momento de resolver las siembras de otoño, destacamos el asombroso proceso de incremento de la superficie que cada tambo fue logrando con PP, praderas permanentes consociadas de gramíneas y leguminosas. Eran los tiempos de “lograr cantidad de alimentos para las vacas”. Primero era lograr cantidad, luego vendría la etapa de la calidad.
En el “diagnóstico cero” o inicial, realizado en 1979, en los más de 3000 tambos remitentes se sembraban unas 9.000 hectáreas por año de PP, y esto era muy poco (menos de 3 has promedio por cada tambo, dato mentiroso porque muy pocos hacían PP). Había que desafiar a los productores. En 1980 el lema de campaña fue “En el tambo hacer praderas es negocio”, y al año siguiente “Con mucha pradera su tambo es más negocio”. Se batió el parche por radio y TV, se mandaron a los tambos circulares muy gráficas, con muchos dibujos sencillos sobre el tema y se armaron mensajes técnicos en el boletín mensual. Se armaron charlas técnicas y reuniones de campo y se concretaron miles de visitas individuales a los campos “afinando la puntería” para cada caso. Basta decir, como ejemplo, que se distribuyeron 5.000 mazos de barajas de truco con el lema en el reverso y más de 10.000 calcomanías para la luneta de los vehículos con estos mensajes.
Tres años después, con 5400 tambos remitentes, se sembraban casi 100.000 has/año, es decir un promedio de 18 has/tambo. Esto es un 500 % más en cada tambo promedio.
Y ahora volvemos al momento actual: ¿está Ud. como productor planificando muy bien sus siembras de PP en otoño?, ¿ya conversó el tema con su asesor de confianza? Las buenas decisiones tomadas hoy definirán cuánta pastura de calidad tendrá para sostener producción, salud animal y márgenes económicos.
El punto de partida siempre es el cultivo antecesor. Un antecesor mal manejado deja un rastro costoso: piso, compactación, malezas y baja disponibilidad de humedad. Un lote que llega ordenado a la siembra garantiza mejores tasas de implantación y un arranque vigoroso.
La elección de especies y mezclas no debe improvisarse. Gramíneas y leguminosas con aptitud probada para la región, densidades adecuadas, fechas correctas y suelos con fertilidad calibrada son la base de la estabilidad forrajera. Cada error en esta primera etapa se paga con menos forraje cada año y por menos años.
Aprendamos de los procesos virtuosos de años atrás, pero sepamos construir nuestro futuro con lo que hacemos hoy cada vez mejor. Sin dudas, hay todavía mucho margen posible de progreso. Y en el mundo sigue creciendo la demanda de lo que nuestro agro y las agroindustrias producen…todo un desafío. No debemos bajar los brazos, vamos por más y va nuestro deseo de Felices Fiestas y un muy buen 2026.
Hasta la próxima.
Ing. Luis Marcenaro
Director de Producir XXI
