Producir XXI, enero 2026
Pasturas sembradas en tiempo y forma, son un tesoro en el campo
Esta misma pregunta la hicimos en nuestro Editorial del mes pasado, diciembre de 2025:
¿Está Ud. como productor planificando muy bien sus siembras de PP, praderas permanentes y VI, verdeos de invierno, de este próximo otoño?, ¿ya conversó el tema con su asesor de confianza? Recuerde que, como decimos siempre, los costos del apoyo profesional agronómico y veterinario son nada comparado con las mejoras productivas y económicas que se logran gracias a esos apoyos a la eficiencia de cada empresa.
Las buenas decisiones tomadas hoy definirán cuánta pastura de calidad tendrá para sostener producción, salud animal y márgenes económicos.
El punto de partida siempre es el cultivo antecesor. Un antecesor mal manejado deja un rastro costoso: piso en exceso, compactación, malezas y baja disponibilidad de humedad. Un lote que llega ordenado a la siembra garantiza mejores tasas de implantación y un arranque vigoroso.
La elección de especies y mezclas no debe improvisarse. Gramíneas y leguminosas con aptitud probada para la región, densidades adecuadas, fechas correctas y suelos con fertilidad calibrada son la base de la estabilidad forrajera. Implantar bien no es solamente sembrar: es lograr una cobertura homogénea, adecuada profundidad y una cama de siembra pareja. Cada error en esta primera etapa se paga con menos forraje cada año y por menos años.
Sembrar pasturas en tiempo y forma nunca es un gasto, es una inversión muy ventajosa que devuelve más leche o más carne según sea su producción, estabilidad productiva y tranquilidad en los meses más críticos del año. Cuando el pleno verano nos obliga a mirar el otoño que se aproxima, el manejo forrajero vuelve a ponerse en el centro de la escena. Un lote que llega ordenado a la siembra garantiza mejores tasas de implantación y un arranque vigoroso
Son verdaderos bioconstructores del suelo los esquemas que incorporan verdeos para pastoreo estratégico, cultivos para forraje conservado y rotaciones con praderas permanentes..
La fertilización es otro factor que determina la diferencia entre una pastura promedio y una pastura rentable. Pensar primero en análisis de suelos y luego en nitrógeno, fósforo, azufre y microelementos evita depender de la “lluvia salvadora” y garantiza recuperación luego de cada pastoreo. El control temprano de malezas es igual de decisivo: competir con la pastura en sus primeras semanas de vida es condenado al fracaso.
Quienes sostienen un calendario forrajero eficiente no esperan la urgencia para sembrar: trabajan con previsión, programan reimplantaciones y monitorean carga animal según disponibilidad real. La lechería argentina necesita cada hectárea bien justificada, y no hay herramienta más sólida para aumentar litros por hectárea, bienestar animal y salud de suelo que una pastura correctamente implantada. Esto mismo vale para los campos de ganadería de carne.
Las PP y VI con siembras en tiempo y forma son un tesoro del campo. Quienes lo hacen así y además siguen un adecuado programa de pastoreo y confección de forrajes conservados, apoyándose en un buen asesoramiento profesional, siempre salen ganando en cantidad y calidad de forraje y en resultado económico.
Sin dudas, hay todavía mucho margen posible de progreso. Y en el mundo sigue creciendo la demanda de lo que nuestro agro y las agroindustrias producen…todo un desafío para nuestro querida Argentina y para cada uno de nosotros.
Hasta la próxima.
Ing. Luis Marcenaro
Director de Producir XXI
