Producir XXI, julio 2025
Peso mínimo de faena: zanahoria mata garrote
Lograr un mayor peso promedio de faena en nuestro país, hoy en casi 230 kg/res, muy por debajo de nuestros competidores, nos permitiría incrementar el volumen producido, partiendo del mismo stock. Es muy importante avanzar en este sentido.
Mayor peso de faena, una palanca para crecer
Nuestro país, que se ubica entre los principales productores de carne vacuna del mundo, tiene los pesos de faena más bajos del selecto grupo, promediando a lo largo de los últimos 35 años, 220 kg res sobre el total de cabezas promedio que promediaron en el mismo periodo alrededor de 13 millones de cabezas.
En los últimos 10 años y como resultado del crecimiento de las exportaciones se aproximó a los 230 kg/res que, comparado con los 370 kg/res de EE. UU., los 285 kg de Australia e incluso los más de 260 kg de Uruguay muestran un serio problema para incrementar el volumen producido, partiendo del mismo stock. Sin duda esto ha sido como consecuencia de décadas de desestimulos derivados de políticas públicas, mayoritariamente populistas, que impusieron todo tipo de restricciones para volcar más carne al mercado interno y a través de ello controlar los índices inflacionarios, y llevar agua para su molino político.
La resolución que impuso el peso mínimo de faena arrancó en el año 2007 y mantuvo su vigencia con algunos cambios menores a lo largo de 18 años, se basó en la penalización de faenar por debajo de 165 kg para machos y de 140 kg para hembras. Su derogación, que será efectiva a partir de enero del 2026, pone fin a una intervención que pretendía forzar a los productores producir y comercializar en contra de su rentabilidad y sostenibilidad empresaria, Solo para que se pondere la “calidad institucional de la medida, vale la pena aclarar que la impuso el entonces secretario de Comercio Guillermo Moreno.
Durante décadas padecimos innumerables decretos y resoluciones que intervinieron en el mercado con prohibiciones, cuotas, precios cuidados y tantos más que resulta tedioso y hasta insano reiterar. El “peso mínimo de faena”, vigente hasta la actualidad, jamás tuvo resultados efectivos ya que el mismo estuvo relacionado a los precios relativos pagados por animales livianos y pesados y a estos últimos como resultados de la participación de las exportaciones sobre la oferta total.
El gráfico 1 muestra la evolución de los pesos de faena en nuestro desde la puesta en marcha de la restricción al peso mínimo de faena
Durante los primeros años, la caída de peso de faena se explica por la brutal liquidación de stock que deriva de una sequía sin precedentes, sumado al fuerte desestimulo que generaron en el sector la prohibición de las exportaciones y la política que impuso el mencionado secretario de comercio, entre otros. Posteriormente, con cambio de clima, y buena oferta forrajera, se agregaron algunos kg al peso de faena, pero si se observa la secuencia 2015 en adelante se podrá relacionar la apertura de nuevos mercados (China, entre otros) y el crecimiento de las exportaciones que pasó de participar con el 7% del volumen total ofertado al actual 25-30%.
En definitiva, la oferta forrajera dependiente del clima y el estimuló mayores exportaciones, explican los cambios en pesos medios de faena y no la existencia de la limitación al peso mínimo de faena.
El mercado interno pide livianos y la exportación, pesados
Cabe recordar que el mercado doméstico, todavía con la ½ res como formato mayoritario de la distribución, privilegia y paga más por animales livianos en tanto que las exportaciones necesitan y pagan más por animales pesados y, en consecuencia, el crecimiento del peso promedio de faena estará directamente relacionado al crecimiento de su participación y del precio que se transfiera a los productores. Nada que no responda a la lógica de un empresario que siempre tendrá como objetivo maximizar su renta y, por lo tanto, si el liviano vale más hará liviano y a la inversa si visualiza oportunidades en las exportaciones hará pesado.
Cuando el estado se mete en la actividad de los privados…
Lo increíble es la falta de sentido común de funcionarios que, movidos por resultados cortoplacistas, han abusado de medidas de intervención tratando de forzar la lógica de los incentivos que envían los mercados, intentando forzar a los productores a hacer lo contrario de lo que su sentido común les indicaba, a través de precios y márgenes, y por lo tanto los resultados terminaban en rotundos fracasos.
En mis más de 50 años de profesión y a lo largo de muy variables escenarios de mercados y de gestiones de gobierno, siempre se confirmó que los estímulos fueron contundentemente más efectivos que las penalizaciones, por ello y para finalizar este breve comentario, me alegro que despidamos a una de las últimas medidas de intervenciones que fracasaron, finalizando la nota parafraseando un dicho popular, confirmando una vez más que “zanahoria mata garrote”.
