Producir XXI, agosto 2026
La familia Mastellone ya no integra Serenísima, pero es clave en la historia de la lechería
Ing. Luis Marcenaro
Director de Producir XXI
Hay empresas que, por su trayectoria, terminan formando parte de la historia de un país. En la lechería argentina, Serenísima ocupa, sin dudas, ese lugar. Con las prestigiosas multinacionales Arcor y Danone, que tomaron el control total de lacompañía, se abre una nueva y auspiciosa etapa.
Una marca sinónimo de calidad
A lo largo de 97 años, la empresa construyó Serenísima, una de las marcas más reconocidas y valoradas por los consumidores. Fue un proceso de mucho esfuerzo desde sus comienzos, en 1929, cuando Antonino Mastellone y Teresa Aiello iniciaron la elaboración artesanal de quesos en General Rodríguez, hasta convertirse, conducida desde 1952 por su hijo mayor, Pascual, en una de las principales industrias lácteas de América Latina.
Tecnología industrial innovadora
Don Pascual apostó a la innovación industrial cuando todavía muchos de esos avances parecían lejanos para nuestro país. La empresa fue pionera en numerosos desarrollos que hoy parecen naturales, pero que en su momento representaron verdaderos cambios para la tecnología láctea y el marketing en Argentina. La incorporación de nuevos equipos, el desarrollo de productos innovadores y la permanente búsqueda de mejorar la calidad, acompañaron cada etapa de su crecimiento.
Desarrollo de proveedores
También impulsó una manera de entender la actividad lechera basada en la calidad, la innovación y el convencimiento de que una gran industria solo puede sostenerse sobre una producción primaria cada vez más sólida.
Nunca perdió de vista el origen de su principal materia prima, la leche. La calidad empezaba en el tambo y apoyar a sus proveedores de leche fue una preocupación permanente. Visionario como pocos muy tempranamente apoyó el concepto de “desarrollo de proveedores”. Incorporó controles de calidad sobre la leche recibida y la promovió mediante el trabajo pionero de los inspectores-asesores de tambo. Mas adelante apoyó mejoras permanentes en los sistemas productivos. Así creó en 1978 el DATP, Departamento de Asistencia Técnica a los Productores, un equipo de profesionales que le puso una bisagra a la historia de la lechería y de la Extensión Rural del país y trascendió incluso en América Latina.
Un programa pionero y muy exitoso
Mucho antes de que se hablara de asistencia técnica como una herramienta estratégica, Don Pascual comprendió que acompañar al tambero era fortalecer toda la cadena lechera. Esa visión permitió desarrollar uno de los programas privados de extensión agropecuaria más importantes que haya tenido nuestro país.
Durante años, decenas de ingenieros agrónomos trabajaron junto a miles de productores en las distintas cuencas lecheras, colaborando en la mejora de los sistemas productivos: genética, alimentación, pasturas, silaje de maíz, crianza y recría mejoradas, calidad de la leche y la gestión de los establecimientos, entre muchas mejoras. Aquella decisión representó una verdadera inversión en conocimiento y en capital humano e impulsó un cambio de mentalidad que ya no se detendría más y cuyos resultados trascendieron ampliamente los límites de la propia empresa.
Un equipo que hizo escuela
Muchos de los profesionales que se formaron en ese ámbito continuaron luego aportando al desarrollo de la producción lechera desde diferentes instituciones, empresas y organizaciones técnicas. Ese efecto multiplicador constituye, probablemente, uno de los legados menos visibles, pero más importantes que dejó Serenísima a la lechería argentina.
Quienes tuvimos la oportunidad de participar de esa etapa sabemos que detrás de aquellas decisiones existía una conducción convencida de que el crecimiento de la industria debía ir acompañado por el crecimiento de toda la cadena, incluidos los productores. Esa manera de pensar permitió construir relaciones de largo plazo, basadas en la confianza, el apoyo técnico y el compromiso mutuo.
Una nueva y auspiciosa etapa
En julio pasado concluyó una etapa trascendente con el traspaso definitivo del control de la empresa a las muy prestigiosas multinacionales Arcor y Danone. Se inicia una nueva realidad empresarial, con nuevos desafíos. Pero ese cambio no modifica el valor de la obra realizada durante casi cien años por la familia Mastellone.
Las empresas evolucionan, cambian de accionistas y se adaptan a nuevos escenarios. Sin embargo, las instituciones que logran trascender son aquellas que dejan una cultura de trabajo. Y ese es, seguramente, uno de los mayores méritos de Serenísima: haber instalado estándares de calidad, profesionalismo e innovación que contribuyeron al desarrollo de toda la cadena láctea argentina.
Desde Producir XXI creemos que los momentos de cambio también son oportunidades para reconocer trayectorias. Este no es solamente el cierre de un ciclo empresarial. Es la ocasión para valorar el aporte de una compañía que acompañó la evolución de la lechería nacional y contribuyó a impulsarla. Que creyó en la producción primaria, en la tecnología láctea y en la promoción del consumo de lácteos mediante un potente y sostenido trabajo de marketing y que apostó durante décadas al desarrollo de los productores y de los profesionales que integran el sector. Una huella construida con trabajo, visión de largo plazo, compromiso con la calidad y una permanente vocación por hacer crecer, junto con la empresa, a toda la cadena láctea.
