Producir XXI, agosto 2025
De la corona al bocado: cómo lograr una alfalfa más eficiente y persistente
La alfalfa, una de las principales forrajeras en los sistemas pastoriles argentinos, ofrece un enorme potencial productivo, pero su aprovechamiento eficiente requiere comprender profundamente su dinámica de crecimiento y los principios que rigen su persistencia.
Entender la biología para tomar mejores decisiones
La alfalfa es una especie perenne que acumula reservas en una estructura clave: la corona, ubicada entre la raíz y el tallo, justo por debajo de la superficie. Esta corona funciona como “el motor” de la planta, de donde se originan nuevos tallos y donde se almacenan los carbohidratos necesarios para el rebrote.
A diferencia de las gramíneas, la alfalfa no rebrota desde las hojas remanentes, sino que depende de la energía acumulada en la corona. Por eso, un mal manejo del pastoreo (frecuente, muy intenso o sin descansos) puede agotar estas reservas y comprometer su persistencia.
Durante el crecimiento, la planta acumula energía en la corona hasta un punto crítico, a partir del cual puede ser pastoreada sin poner en riesgo su capacidad de rebrote. En general, este punto se ubica cuando los tallos alcanzan entre 8 y 10 nudos, momento en el que se logra una buena combinación entre volumen y calidad forrajera.
Sistemas de pastoreo: contando nudos!
En los sistemas rotativos, el regreso de los animales a una misma parcela se da entre los 30 y 35 días, aunque el tiempo exacto depende del clima, tipo de suelo, fertilidad y carga animal. Lo importante es que la decisión del ingreso no se base en el calendario, sino en el estado fenológico de la planta.
Pastorear en el estado de 8 a 10 nudos asegura que todos los nudos presenten hojas, lo que maximiza la calidad. Si se espera más, la planta continúa creciendo, pero los tallos se endurecen, mueren hojas basales y se pierde calidad.
Distintos trabajos han demostrado que pastorear en este estadio (en lugar de pastorear con 10% de floración) no perjudica la persistencia del cultivo, siempre que se respete el período de activo crecimiento (de octubre a febrero). Además, esta estrategia reduce el riesgo de empaste y mejora la eficiencia de cosecha.
Manejo del pastoreo: evitar extremos y empaste
Una alfalfa que se comienza a pastorear en floración avanzada tendrá menor calidad, y si el lote se deja mucho tiempo, el animal seleccionará solo las hojas tiernas, dejando tallos duros y poco nutritivos. En la siguiente parcela, ingresará hambriento y podría aumentar el riesgo de empaste.
El empaste o timpanismo es una condición digestiva peligrosa, producto de la acumulación de gases en el rumen. Para prevenirlo, se recomiendan las siguientes medidas:
- Evitar que los animales ingresen con hambre.
- Adaptar gradualmente a la alfalfa.
- Aumentar las cargas instantáneas (menor selección).
- Presecado del lote antes del ingreso.
- Suplementación con rollo de gramíneas.
Uso de anti espumantes o bolos de monensina.
El objetivo es reducir la velocidad de ingesta de material fresco, especialmente en animales no acostumbrados o cuando hay alto contenido de humedad y proteína soluble.
Particularidades en sistemas consociados
El manejo se complejiza cuando se siembran leguminosas y gramíneas juntas. Mientras que las gramíneas necesitan hojas verdes remanentes para rebrotar, la alfalfa depende de sus reservas en corona. Si no se ajusta el manejo, puede haber competencia entre especies o pérdida de alguna de ellas.
Durante el verano, si bien la alfalfa puede convivir con gramíneas, una defoliación intensa puede provocar su debilitamiento.
En otoño la recomendación cambia
Es fundamental que al menos una vez en el año, la alfalfa llegue a 13-14 nudos y florezca, para acumular reservas que aseguren un rebrote vigoroso en primavera. Generalmente este manejo que puede realizar durante el otoño.
Por eso, se recomienda planificar consociaciones con especies complementarias en términos de uso temporal, espacial y nutricional.
Sistema de pastoreo por nudos
Una propuesta práctica y eficiente es organizar el pastoreo de manera secuencial, permitiendo que los animales ingresen a parcelas con alfalfa en estado de 8-10 nudos. Esto permite aprovechar el forraje en su mejor momento, sin que se pierda calidad ni se comprometa la persistencia.
Al aplicar esta lógica, se evita el avance hacia parcelas con alfalfa florecida (baja calidad) o parcelas jóvenes (poca biomasa y riesgo de rebrote insuficiente). Además, al no dejar remanentes altos, se mejora la limpieza de las parcelas y se reduce la presión de enfermedades.
