En un primer vistazo:
Lo único constante es el cambio y en ese futuro presente la tecnología es una aliada que mejora la competitividad y reduce costos, que parecen la misma cosa, pero éstos, son sólo una parte de aquella. Sea cual fuere el sistema que elijamos para producir, sea más o menos pastoril o en galpones, tiene destino de crecimiento, que por ahora lo hace, la lechería argentina total, a un 2,7% anual. Esto es mucho más que la cantidad de habitantes y por lo tanto nos lleva indefectiblemente a prever mayores niveles de exportación.
Independientemente del modelo productivo, apoyado en que cualquier esquema, según su contexto y ambiente, seguirán adelante aquellos que demuestren crecientes niveles de eficiencia, tanto productiva como de gestión empresarial. El principal desafío reside en la supervivencia de los tambos de pequeña escala, que constituyen casi la mitad de las explotaciones lecheras y que son claves para las economías regionales y el afianzamiento poblacional en el interior del país.
Además, el consumo mundial de leche viene creciendo y la provisión está en problemas, pues, por diferentes razones, Nueva Zelanda y Europa no pueden crecer y una buena parte de ese incremento de demanda será satisfecho por Estados Unidos y Sudamérica.